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martes 20 de febrero de 2007

Las Esculturas de Ron Mueck
Nacido en Australia en 1958, reside ahora en Gran Bretaña, donde se realizó esta exposición. La obra de Ron puede considerarse hiperrealista. Proviene del mundo de los esfectos especiales para el cine, pasando al arte refinado en 1998 cuando su suegra le pidió que le ayudara para producir pequeñas figuras como parte de una escena que ella estaba mostrando en la Galería Hayward.








domingo 18 de febrero de 2007

Cena Afrodisíaca
Foto: Michell L´Huillier M. (Isla de Pascua)
Milena es bastante obstinada. Gusta de leer y compartir con sus amigos. Adora el mar y el cielo de la Habana. Pero sobre todo, fantasea constantemente. Con una vida mejor o con una peor. Con amigos o enemigos. Con palabras dichas erradamente y otras que nunca dijo.

Una tarde de domingo, aburrida como todas, terminó de leer "Afrodita y otros cuentos afrodisíacos."

Isabel Allende inunda siempre el estante que hace de biblioteca en el sótano de su gran ruina, porque a esa edificación no se le puede llamar casa. Tal vez por eso nadie podía dejar de visitarla.

Había que atravesar toda la ciudad para ir a verla. Caminar largo y tendido por la quinta avenida de Miramar. Casi al final, y en un callejón sin salida, estaba la gran estructura. Un trozo de mansión que aun levanta la cabeza para mirarte de frente. Porque a pesar del tiempo no ha perdido su porte aristocrático.

Aquel domingo se alzó ante los ojos de su grupo de amigos. Todos emparejados e invitados de antemano a una "cena afrodisíaca". Obligatorio era ir con alguien por quien se sintiera atracción sexual.

Llegamos todos temprano. La luz solar del amanecer, acariciaba dulcemente la fachada de La Ruina. Las ventanas lloraban cristales rotos y las puertas chirriaban como en las malas películas.

Atravesamos la gran reja negra. Pisar el césped abandonado fue como entrar en otro mundo. Un mundo olvidado por demasiado tiempo.

Algunos pudimos saborear el aroma de los jazmines y la delicadeza de la hierba húmeda bajo nuestros pies descalzos. Una luz mágica nos llevó hacia el portón chirriante, con su aldabón de bronce, que solo Ale se atrevió a tocar.

Apareció entonces Milena para romper ese encanto y ofrecernos el suyo propio. Estaba como loca. Como cuando una idea le entusiasma al punto de la pasión. Sus mejillas enrojecidas y su ceja izquierda arqueada como si algo le preocupara.

"Houston, tenemos un problema" Dijo con una sonrisa plena en sus rizos rojos. "La receta de Allende lleva demasiados ingredientes. Por tanto y demás habrá que reducirla."

Se sentó en el suelo de pronto, con su camisón blanco descubriendo uno de sus muslos. Ojeó el libro con violencia y se detuvo en una página.

"Bien. Hay que eliminar la carne de vaca, dejamos el cerdo y el pollo, el vino blanco eliminado también. Quitamos los camarones, los mejillones..."

"Deja los mejillones" La interrumpió Ale. "¿Qué pasa caballero? En mi casa hay, no sé de dónde los sacaron, ni me importa."

"Ok, mejillones sí" apuntó Milena y prosiguió: "Almejas tampoco, ni garbanzos, aunque podemos sustituirlos con coloraos, ni papas..."

"Oye déjate de abuso, yo tengo papas..." volvió a interrumpir Ale.

"Bien, papas sí. Cebollas también, bueno supongo que los cebollinos surtirán el mismo efecto. Laurel tengo, espinacas ni soñarlo. Hiervas arómaticas, hum... Alguien sabe qué podemos usar ahí?"

Por supuesto Ale fue quien sugirió el romero y también tomillo que tenía en su casa.

Al instante se leyó satisfacción en la frente de Milena.

"Perfecto está todo, bueno... Los hombres vayan con Ale a su casa a buscar lo que falta y las mujeres, nos quedamos a cocinar y a brindar, que resolví una botellita de Guayabita del Pinar."

En media hora los chicos estaban de vuelta. Llevaron todo lo necesario y también garbanzos y espinacas y camarones. La madre de Ale trabajaba de sirvienta en la casa del embajador de Italia en Cuba, así que Ale añadió una botella de vino blanco y aceite de oliva, a la java de la compra.

Todos éramos muy jóvenes y apenas pensábamos en la comida sino más bien en el postre prometido.

La Ruina era nuestro refugio de amor. Y allí estuvimos toda la mañana. Solos y cocinando. Riendo y acariciándonos. Y así toda la mañana.

Milena quería hacer todo lo posible por seguir las instrucciones de la Allende. Así que metió las hierbas y el laurel en el fondo de una gran cazuela. Luego añadió la carne y unas rodajas de papas. Después el pollo y más rodajas de papas. Los camarones y mejillones de últimos "porque se cocinan más rápido" dijo y vertió media botella de vino blanco..."porque hay que ahorrar, tú sabes..." Agregó finalmente un chorrito de aceite de oliva. "Ale llévate la botella de aceite, que debe valer un ojo de la cara, o los dos, o los tres..." Rreímos todos y ella tapó la olla con un paño húmedo y luego una vieja tapa negra. Colocó encima varios libros y hasta un ladrillo naranja del patio.

"Ahora para cultivarlos, permítanme hacer un poco de historia sobre esta receta" Anunció con tono solemnemente teatral.

"Es originaria de la isla de Pascua. Una pequeña que hay en el pacífico y dónde intuyo que sus casi 4ooo habitantes son unos calentones..." Hubo más risas y miradas de complicidad. Evidenciándose los efectos de la Guayabita y todo lo demás.

"Estas dulces y ardientes personas solían cocinar esta comida, extremadamente afrodisíaca, y lo hacían bajo tierra, con carbón. Lo tapaban con ojas de plátanos y rellenaban el hueco con tierra. Entonces, justo cuando caía el sol, los hombres fornidos de la isla desentarraban el manjar. Liberando una potente columna de aromas exitantes..."

Acto seguido se inició una guerra de garbanzos, tal como sugería Isabel en Afrodita...

Fue ahí cuando la ruina se convirtió en palacio. Se mezclaron las bocas, las pieles, los sabores, los sueños y las ilusiones...

Aquella, fue para cada uno de nosotros una fiesta de dos. Proque a pesar de haber tanta gente nunca más nos encontramos, aquel día. Nos perdimos en La Ruina, cada cuál donde quiso o dónde le atacó el rayo fulminante de la lujuria. Un par en la hierba húmeda del jardín, otros en la angosta meceta de la cocina, la escalera también sirvió. Cualquier lugar era bueno.

Toda la ruina estalló en orgasmos y la cena por supuesto, se quemó...

miércoles 14 de febrero de 2007

Me desordeno amor...me desordeno....Dicen que Carilda tenía 24 años, en 1948, cuando escribió este poema estremecedor. También se dice que Matanzas se escandalizó y que las damas de sociedad le retiraron la palabra a su madre.

Hasta el párroco del pueblo fue a verla para que se retractara, pero Carilda no podía hacer tal cosa.

Este poema es para ti, en este día... Un beso.

Me desordeno, amor, me desordeno;

cuando voy en tu boca, demorada;

y casi sin por qué, casi por nada;

te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno

y con mi soledad desamparada;

y acaso sin estar enamorada;

me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada

arde en tu mano lúbrica y turbada

como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,

cuando voy en tu boca, demorada,

me desordeno, amor, me desordeno.

sábado 10 de febrero de 2007

La espía y el periodista.

Alicia vivía en la Habana desde que tenía uso de razón. Aunque en su carné de identidad ponía lugar de nacimiento: Grecia. Hija de espías cubanos de servicio en ese país, adoptó la nacionalidad de sus padres.

Estudió la primaria en una escuela experimental donde aprendió computación, idiomas y música desde los 6 años. A los 13 era dirigente estudiantil y a los 18 cuando se graduó en el pre de ciencias exactas fue reclutada para trabajar para el "aparato".

El entrenamiento inicial le pareció muy divertido. Se trataba de escuchar las comunicaiones de los guardacostas americanos. Lo que desarrolló su inglés y su conocimiento sobre los marines.

Su segundo trabajo era más aburrido. Debía escuchar al azar llamadas telefónicas, escogidas entre miles de ellas que contenían palabras clave, palabras "peligrosas".

Luego le asignaron la escucha permanente de los teléfonos de la sección de intereses de los Estados Unidos en La Habana.

Allí escuchó por primera vez su voz. Era un sonido dulce, con acento latino. Pero las inteligentes palabras de aquel hombre llamaron profundamente su atención. Nunca decía nada inapropiado. Tampoco se alteraba y trataba de ayudar a todo el mundo. Comenzó a sentir curiosidad por conocerlo.

Sus cabilaciones se vieron interrumpidas por la entrada de su jefe en su despacho de la calle Paseo.

"Alicia te necesito, ven al salón de reuniones"
Odiaba el salón de reuniones. Sólo servían para "tronar" compañeros o para la charla política que detestaba. A pesar de que disfrutaba su trabajo, trataba de ignorar para quién lo hacía. Pero eso nunca lo decía y rara vez lo pensaba. Sólo quería hacer misiones y divertirse. Aquello se había convertido en un vicio, sin causa ni efecto.

Se sobrecogió cuando entró en la sala y vio al comandante en persona conversando con su jefe.

La presentaron brevemente. Se sentó frente a los dos hombres, que se miraron como cómplices ante él magnetismo de su presencia física. "Eres una muchacha muy bonita" Dijo el comandante. "Y por lo que dicen de ti, eres de las mejores"

Ella no respondió. Era muy difícil enfrentarse al máximo líder sin sucumbir a sus encantos o decir algo que sin dudas, sería utilizado en su contra. Así que permaneció callada.

"Tienes que penetrar a Lorenzo Rodríguez, el periodista del New York Times"

Del discurso que siguió después no escuchó ni una palabra. Tenía toda la piel crispada porque al fin conocería al dueño de aquella voz que tanto la había intrigado.

Dos días más tarde llegó a su casa un gran sobre blanco con el sello de la sección de intreses. Le había llegado "el bombo". Su madre la inquirió:

"¿Te habías inscrito a esta mierda?"

"Claro que no mamá, es por trabajo." Le susurró.

Esa tarde cuando entró en su oficina, sobre la mesa estaba su pasaporte visado. No sabía cómo y tampoco le importaba. Llegaría a New York como una cubana más. Exiliada de su tierra. Con rabia y tristeza como equipaje. Entraría en contacto con Lorenzo en una cafetería que solía frecuentar en la 5ta avenida .

New York le pareció una ciudad viva y morbosa. Aunque evidentemente sus sensaciones estaban influídas por la excitación que le producía conocer al periodista. Se instaló en un edificio modesto. Comenzó a trabajar en el bar de un "tío" que vivía allí desde hace 20 años.

La noche del viernes, era la indicada. Eligió un vestido blanco, sencillo y muy sexy. Llegó a la cafetería y lo reconoció al instante. En La Habana había estudiado todo tipo de fotos. Conocía a sus amigos, su jefe, sus colegas, su familia. Se había casado con una peruana y tenía dos hijas.

Se acercó a él en silencio y se las arregló para verter su café sobre su blanco vestido. "Los siento" Fue lo primero que él le dijo. "No pasa nada, iba a botarlo de todas formas" Respondió. "¿Eres cubana?"

Ese fue el comienzo de todo. Hubo química instantanea y esa noche conversaron hasta que amaneció. Intercambiaron números de teléfono y se despidieron.

Luego vinieron los e-mails, las llamadas, las citas y ella que no averiguaba nada, ni quería hacerlo. Hasta que otra noche viernes se lo llevó a su apartamento. Encendió unas velas y se entregaron el uno al otro. Sin reservas ni limitaciones. Se besaron, se abrazaron y se comieron, literalmente, aunque no necesariamente en ese orden.

Entonces Alicia sintió algo que nunca antes había experimentado. Un deseo repentino de delatarse y desertar. Lo primero era una estupidez y lo segundo podía costarle la vida.

Así pasaron los meses, en los que reportó cada detalle de la vida del periodista sin comprometerlo. Se engañaron y se amaron durante mucho tiempo.

Hasta que una tarde de abril ella le dijo que le amaba y que debía irse. El no podía comprenderlo. Dejaría su familia si ella se lo hubiera pedido pero nunca lo hizo.

Tan sólo le amó, le marcó el cuerpo con el tatuaje de sus labios y se fue.

Consta en los archivos que la agente Alicia fue separada de las filas a las que pertenecía. Se encontró en su apartamento todo tipo de instrumentales para drogarse y toda clase de hiervas sembradas en el balcón. Nunca se supo de ella, pero su madre, una vez al año, recibe una postal desde las playas de Jamaica. Un destino que casualmente se cruza de vez en cuando con un periodista del New York Times.
(Publicado en el libro Historias Habaneras)

miércoles 7 de febrero de 2007

Historias Habaneras III
Tronco Traficante
"El tronco" vivía en "el fanguito". Tenía mujer y dos hijos. Se dedicaba a vender drogas, cocaína para ser exactos. Durante más de una década estuvo fuera de la ley protegido por un alto mando militar que le proporcionaba inmunidad.

Un día el coronel le aconsejó que se retirara. El mismo ya no seguiría en "aquello". Algo había cambiado aunque no sabía qué.

Sin embargo "el tronco" no tenía intención de abandonar el negocio. Tenía que alimentar a su familia y lo haría de la única manera que sabía hacerlo. Decidió tomar medidas al respecto. Sacó toda la droga de su casa y la enterró en Cojímar, en un lugar apartado. Dejó de consumir cocaína y ordenó a su mujer que tampoco lo hiciera y durante uno meses le valieron las medidas.

Entonces un domingo de un verano cualquiera pasó el día en casa de su madre en San Miguel del Padrón. No se separó ni un segundo de su esposa y de sus niños. Temía algo. Como si supiera que aquel era su último día.

En la noche regresaron a la casa en "el fanguito". Acostaron a los niños y se quedaron dormidos en la sala viendo la televisión.

A las cuatro de la mañana alguien derribó la puerta. Entraron un grupo de agentes de la seguridad del estado y se lo llevaron. Cuatro horas más tarde avisaron a su mujer que "el tronco" había muerto de una sobredosis de cocaína.
Ella supo que lo habían asesinado porque estuvo todo el día con él y no habían consumido ningún tipo de drogas. Cuatro días después le entregaron el cuerpo en un ataúd cerrado porque "está muy feo para que lo vean los niños".
Cuatro años más tarde la mujer se ha casado con un holandés y a pesar de tener una visa por matrimonio no ha podido abandonar Cuba. Emigración le ha negado el permiso de salida. Le han dicho que debe esperar al menos un año, lo que sumarían cinco desde la fatídica muerte de su antiguo marido. Curiosamente es el tiempo en que el gobierno considera "caducada" la información confidencial.

lunes 5 de febrero de 2007

Se celebra fiesta de inauguración de nuevo proyecto: