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domingo 10 de junio de 2007

Lo prohibido...

Había una vez, una adolescente llamada Ivanka. Lo vio por primera vez a la salida del Bertolt Bretch. Ella iba con su novio y él esperaba con un ramo de girasoles a que saliera la actriz protagonista. Vio como se les acercaba un amigo en común que al verse entre tres conocidos se apresuró a presentarlos.

Supo así que su nombre era Remberto y rió sin pudor. Él reparó en ella entonces y aunque la atracción fue mutua fingieron que la complicidad de sus miradas, que también reían, era sólo coincidencia o tal vez el efecto de maría. ¿quién sabría?

Cuando la actriz llegó quiso ir con todos a tomar una copa. Pero él propuso irse al Malecón con una botella de ron. Compraron cigarros y allí se fueron para sentarse en el césped que ahora ocupa la "tribuna antimperialista" pero que antes de eso era pasto de jóvenes enamorados.

Esa noche arreglaron el mundo entre todos y se depidieron cuando vieron el fondo blanco de la tercera botella de ron. Al hacerlo él la besó en la comisura de los labios y ella le dejó en la mano un papelito arrugado con el número de teléfono de una vecina.

Al día siguiente le avisó la vecina que tenía una llamada. Hola? Respodió ella y él le pidió que colgara porque quería llamar otra vez y escuchar ese Hola que tanto placer le produjo y ella hizo lo que él le pedía.

Así pasaron los días de conocerse en sesiones ocultas al teléfono. Se balanceaban entre amigos confidentes y amantes platónicos. Y la vecina, que aunque ponía mala cara, siempre le avisaba de la llamada.

Entonces llegó la primera cita. Tenían que verse. La cafetería del sótano del CPI (Centro de Prensa Internacional) sería el lugar escogido. Discreto y acogedor y aunque casi todo lo vendían en dólares, tenían café expresso a peso y pastelitos de guayaba al mismo precio.

En cuanto llegaron, él empezó a hablar de su actriz y aunque cualquier otra mujer se hubiera ido decepcionada en ese primer instante, Ivanka le aconsejó sinceramente lo mejor que pudo. Porque sólo quería quitarle esa ansiedad que parecía tener él y se sintió conmovida. Si era capaz de sentir tal pasión, ella quería un beso de esa boca apasionada.
De pronto ella dijo que tenía que irse. Su novio la esperaba. "Llámame mañana" Le devolvió el beso de la comisura y se marchó. Él sonrió, gratamente sorprendido y la miró alejarse.

Las llamadas continuaron auqnue él nunca más habló de su actriz. Comenzaba a interesarse por ella que reaccionaba inesperadamente a sus actos y palabras. Vino así la segunda cita.

El cine Yara los acogió una tarde que se volvió noche nada más entrar. Él le contó que los gitanos al casarse hacen un pacto de sangre, se cortan los pulgares y juntan las gotas rojas como símbolo de amor. Acto seguido le preguntó: ¿Te casarías así conmigo? Y ella sin pensarlo respodió que sí. Él sacó del bolsillo una pequeña navaja y se cortó un poco en el pulgar. Ella le ofreció el suyo y él que no podía dar crédito la cortó, todo lo delicadamente que pudo. Unieron su sangre en un gesto y finalmente, se besaron. Él le mordió la boca y ella le mordió también porque estaba muerta de deseo.

Quiso el destino que un tiempo después, en que siguieron las llamadas y en el que no hubo mas citas, una compañera de clase de Ivanka, que pasaba un curso de inglés en la manzana de Gómez, la invitara a almorzar a su casa y allá fue.

Cuál sería su sorpresa cuando al llegar encontró a Remberto sentado en la sala de la casa sin camisa y jugando dominó con su suegro. Sobra describir la tensión sexual de la situación. Ambos intentado que los demás no percibieran la "tormenta tropical" que los arrasaba por dentro. Y casi lo habían logrado cuando a la hora de irse él preguntó: Y tú estás casada? Ella dijo "Yo no" de inmediato y sin pensar y él insistió: ¿Seguro no estás casada? Y entonces reaccionó Ivanka: "Ah! Sí digo no, de verdad que no" pero la sonrisa la delataba aunque la novia de Remberto no sabía a qué venía aquella pregunta y mucho menos aquella respuesta.

Durante un par de años acumularon deseos y una noche, ya solteros los dos, decidieron dar un paseo por las calles de La Habana. Obispo estaba caliente y húmeda esa noche y tanto lo estuvo que el cielo tuvo que estallar en un aguacero que dejó desierto el paseo adoquinado de La Habana Vieja. Entonces se fue la luz y allí mismo bajo el agua de Ochún, fundidos en un abrazo, consumaron su amor, por priemra vez.

sábado 2 de junio de 2007

Hansel y Grettel.
Quiero dedicar esta historia a mi nuevo amigo Ale, que me ha devuelto la inspiración para escribir.

A finales de los noventa la casa de la cultura de calzada y 8, en el Vedado era nuestra segunda casa. Hacíamos teatro amateur y estabámos en contacto constante con jóvenes actores profesionales y músicos que sólo tocaban en el patio de María.

Una noche, reunidos en la entrada del recinto cultural llegó Lisaimi y nos presentó a su novio Hansel. Unos minutos después llegó Grettel al grupo y fue un flechazo fatal que duraría muchos años.
Su entrada no pudo ser más dramática cayendo en los brazos de Hansel, por accidente, o al menos eso dice ella.

Enamorarse sin control del novio de una amiga es lo peor que puede ocurrirle a una buena chica con escrúpulos, pero pronto eso no fue un obstáculo porque aquella relación duró lo que el merengue en la puerta de la escuela.

Por primera vez Grettel perdió el control de una situación a la que estaba acostumbrada, pero algo había en las feromonas de HAnsel que la hacía temblar, bloquearse y convertirse en la reina de la torpeza.

Hansel por su parte ignoraba el efecto que producía en Grettel su presencia. No sabemos cómo porque todos podíamos notarlo menos él.

Las circunstancias no ayudaban. Grettel estaba saliendo de una relación de años con un chico que no quería apartarse de ella. Casi todos estaban al margen de esa situación incluyendo a Hansel, que quedó totalmente desconcertado cuando Grettel le besó una noche en la puerta de su casa.

Al mismo tiempo el director gay del grupo de Teatro al parecer se sentía atraído por Hansel, así que destrozaba a Grettel en el escenario dándole papeles muy difíciles para que improvisara, y luego criticarla duramente.

Grettel era una chica sumamente popular y quizás por eso desconocía las técnicas para conquistar que necesitaba para "atrapar" a Hansel, quien penosamente empezaba a sentir un afecto inocente por ella, como una profunda amistad, o al menos eso decía él.

Una noche de ensayo el director gay sorprendió con una desición. Colocó a Hansel y a Grettel en una improvisación erótica y la química se hizo evidente desde el primer momento. Apenas tenían que mirarse, pero los textos mezclaban la realidad con la ficción y casi se veían chispas al roce de sus pieles. Algo que puso de muy mal humor a mcuha gente. Empezando por el director gay, "la mejor amiga" lesbiana de Grettel, su "mejor amigo" bizco, pero sobretodo fue un gran disgusto para Roberto, un mulato hecho a mano por Dios o la mismísima virgen con quien Grettel tenía sexo esporádicamente, bueno si es esporádico hacerlo 6 o 7 veces en una noche a lo largo de una vía pública hasta quedar con la espalda destrozada por hacer el amor a campo traviesa durante horas. Pero es que era Roberto. ¿quién podía decirle que no a aquellos ojos verdes que sellaban con broche de oro un cuerpo canela de metro noventa de estatura?

Aquella noche fue suficiente y a pesar de que Roberto estuvo "gardeando" a Grettel toda la noche, ella logró escabullirse y encontrarse secretamente con Hansel. Estuvieron conversando casi toda la madrugada, del teatro, la política, el sexo, pero no pasaban a la práctica hasta que justo al final de la noche, en el momento de la despedida, se besaron.

Entonces aquello se convirtió en un ritual que repetirían muchas veces. Primero hablar durante horas, luego besarse en la puerta para termianr en la cama. Hansel siempre le decía que se sentía incómodo porque ella era para él como una hermana y al día siguiente se comportaban como si el incesto hubiera sido real y no se miraban ni se hablaban y luego estaba Roberto... y otras mujeres con las que él decía tener sólo sexo no amor y ella también vió a otros...

Grettel no podía "cerrar el trato" por más que aquello fuera su mayor anhelo. Estar con aquel hombre y plegarse a sus deseos. Pero en su presencia ella no era dueña de su cuerpo y mucho menos de su lengua que se empecinaba en blasfemar constantemente. "Esto es un error" "No quiero tener un hjo contigo" "La noche está caliente pero yo no" "La vida es bella pero tú eres un singao"


Y Hansel que no entedía nada y ella un día, al cabo de tres años se casó. Con otro, claro. Entonces el destino malicioso, irónico eligió con una moneda que él fuera el testigo de su enlace y le escribió en el libro de invitados la letra de la canción que siempre escuchaban juntos. Destrozándole a ella el día que debió ser el más feliz de su vida. Luego para completar la huída ella decidió marcharse para siempre y en el Malecón de La Habana tuvo lugar la despedida.


Entonces le abrió su corazón por primera vez en la vida y él se dió por enterado en ese instante y le pidió que no se fuera y que lo tomara a su deseo. Pero ella quería serle fiel a su nuevo amante esposo, así que le estrechó en un abrazo que desató arcoiris miles en el cielo oscuro y escuchó música y vio duendes en el mar y con el corazón desecho le abandonó.


Luego me diría un día entre risas y lágrimas. Si amas a alguien no le dejes libre agarra su corazón y hazle feliz.