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jueves 25 de septiembre de 2008

Fantasmas de la ciudad.

Habana Vieja por Paulus Veltman.

Por Ramón Díaz-Marzo

Foto: Paulus Veltman, Flickr

Un amigo y yo habíamos llegado a la conclusión que los escritores cubanos representantes de nuestra época ya eran conocidos. Sin embargo, en aquel momento no tuvimos en cuenta a los que por un acto de sabiduría o casualidad feliz, habían permanecido en las penumbras del anonimato durante años. Escritores que resucitarían del silencio, en la misma medida que las penas de prisión por la consecución de una metáfora, se redujeran o fueran suprimidas de los tribunales cubanos.

Los que habían sobrevivido para contar el cuento, ahora, eran fantasmas de una cruel temporada literaria en la década 1970, donde una generación brillante fue sacrificada para que no pensaran con cabeza propia.

Hoy les presento a uno de esos fantasmas. Lleva medio siglo existiendo en esta mágica ciudad de intramuros de la Habana Vieja. Se llama Rosa Borrego, enigmática mujer delgada que apenas habla, como si temiera lastimar. Desde su vieja casona en la calle San Juan de Dios, después de quince años en el descubrimiento de sí misma, comenzó a registrar en versos los estremecimientos de su alma:

Soy
un montón de cosas
que no conozco
estoy
sin encontrarme
sin saberme
una extraña conmigo.

Luego cuando ella descubre su vinculación con la ciudad, escribe:

Esta soledad de puerto
esta calle sin voz
el suicidio del polvo
en las cornisas
el silencio en tí.

Y cuando el amor llega con todas las consecuencias de su imposibilidad, confiesa:

Donde se llega
por tus ojos
de qué sabor
mueren las palabras
A qué distancia
se hallan los contornos
y el amor,
en qué ansiedad descansa?

El poeta cubano Rogelio Fabio Hurtado ha calificado la poesía de Rosa Borrego como perteneciente a la estirpe espiritual de una Dulce María Loinaz. "La poesía breve -dice Fabio- es cortés porque convierte al lector en poeta. En ella no hay espacio para el termino medio. La flecha da en el blanco, o no da; o se enciende el bombillo a la primera lectura o no se enciende. El secreto de esta poesía consiste en reconciliar palabras procedentes de contextos dispares".

Han pasado los años, y la Borrego se consume en su casa de la calle San Juan de Dios. Sigue escribiendo sobre el amor:

Donde recuerdo
que no te olvido
donde te olvidé
que no te encuentro.

Otro poeta, Mariano Brull (Camagüey 1891-La Habana 1956) dijo que la prosa se escribe con el tesoro del conocimiento, mientras que la poesía se hace con el tesoro de nuestra ignorancia.

HABLO CON MIS ROSAS se titula el primer libro de Rosa Borrego. Nadie sabe por qué continúa posponiendo su publicación. Mientras tanto, el último poema del libro ha ido cobrando un aire de terrible y dulce premonición:

Tal vez
vengan a buscarme
los gorriones
me descubran dormida
y me despierten.

(Publicado en Cubafreepress el 12 de febrero de 1998)

domingo 7 de septiembre de 2008

Hoy, día de la virgen de Regla...

Que Yemayá, diosa del mar,
proteja a todos los cubanos,
en particular a los residentes
en el archipiélago de los
tormentos y los ciclones!
Celia Cruz con la Sonora Matancera
en Yemayá, de Lino Frías, pianista
de la Sonora y autor, entre otras
canciones, de Mata Siguaraya.
http://de.youtube.com/watch?v=XRDiN53KoFo
(Enviado por Tania Quintero)

lunes 1 de septiembre de 2008

Dormida

Versos de amor de José Martí.

Más que en los libros amargos
el estudio de la vida,
pláceme en dulces letargos
Verla dormida: -

De sus pestañas al peso
el ancho párpado entorna,
lirio que, al sol que se torna
se cierra pidiendo un beso.

Y luego como fragante
magnolia que desenvuelve
sus blancas hojas, revuelve
el tenue encaje flotante: -

De mi capricho al vagar
Imagínala mi amor,
¡ Una Venus del pudor
surgiendo de un nuevo mar!

Cuando la lámpara vaga
en este templo de amores,
con sus blandos resplandores
mas que la alumbra, la halaga;

Cuando la ropa ligera
sobre su cutis rosado,
ondula como el alado
Pabellón de primavera;

Cuando su seno desnudo,
indefenso, a mi respeto
pone más valla que el peto
del bravo guerrero rudo; -

Siento que puede el amor,
dormida y desnuda al verla,
dejar perla a la que es perla,
dejar flor a la que es flor: -

Sobre sus labios podría
los labios míos posar,
y en su seno reclinar
la pobre cabeza mía: -

Y con mi aliento volver
Mariposa la crisálida;
y a la clara rosa pálida
animar y enrojecer,

Pero aquí, desde la sombra,
donde amante la contemplo,
manchar no quiero del templo
con paso impuro la alfombra.

Al acercarme, en ligera
Procesión avergonzado,
¿No volaría el alado
pabellón de primavera?

¡Al reflejarme el espejo
que la copia entre albas hojas,
negras las tornara y rojas
de la lámpara al reflejo!

Dice que suele volar
por los espacios perdida
el alma, y en otra vida
sus alas puras bañar;

Dicen que vuelve a venir
a su cuerpo con la aurora,
para volver - ¡la traidora! –
con cada noche a partir,

Y si su espíritu en leda
beatitud los cielos hiende,
de esa mujer que se extiende
bella ante mí ¿qué me queda?

Blanco cuerpo, línea fría.
Molde hueco, vaso roto,
¡y viajera por lo ignoto
La luz que los encendía!

Y ¿a mí que tanto te quiero,
delicada peregrina,
turbar la marcha divina
de tu espíritu viajero? –

¡Duerme entre tus blancas galas!
¡Duerme mariposa mía!
Vuela bien: - ¡Mi mano impíano irá a cortarte las alas!